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Francisco Soto Sagot para El Observador

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su informe “Tendencias mundiales del empleo juvenil 2020: La tecnología y el futuro de los empleos”, la transformación digital y la automatización expone a los jóvenes entre 15 y 24 años a un mayor riesgo de no conseguir empleo o perder este, siendo los más vulnerables son quienes cuentan con formación profesional.

También indica que se pone en manifiesto que la calificación adquirida mediante formación profesional para lograr un empleo específico tiende a quedar obsoleta más rápidamente que la formación adquirida en programas de enseñanza general.

La crisis sanitaria originada por la pandemia de COVID-19 ha puesto en jaque el sistema educativo costarricense, que a lo largo de este periodo se ha visto obligado a suspender lecciones en los centros públicos perjudicando a cientos de estudiantes.

Este es un gran desafío para el futuro tanto para la economía nacional como para la competencia en el mercado internacional, siendo el mayor en el ámbito sociocultural, que va a hacer esta población cuando empiece su etapa productiva.

Cambios del paradigma en la educación

Es urgente revisar y modernizar los programas de formación profesional y vocacional en el país. Seguir en el camino de titular profesionales en la educación superior o cursos técnicos no es sustentable ni conveniente.

La economía requiere también contar con personas con habilidades laborales en diferentes oficios que ofrezcan calidad y que ahora son invisibles en nuestro sistema educativo, principalmente jóvenes de zonas marginales o de bajo desarrollo económico.

Fomentar alianzas públicos-privadas mediante la legislación en educación dual es una opción que puede permitir a muchos jóvenes obtener experiencia antes de concluir los estudios, mejorando sus competencias laborales, ayudando a las empresas a ser más productivas e innovadoras.

Innovación y las competencias

Las empresas deben enfocarse en la mejora de la calidad y la eficiencia para cuando la economía se reactive y compitamos con economías más tecnificadas y automatizadas.

Igual que el ciclo de vida de los ecosistemas, las empresas dependen hoy más que nunca del secreto de la eterna juventud, es decir la constante innovación.

Contar con personas jóvenes en el proceso laboral permite que sus competencias aporten en la modernización y cambios que las empresas requieren, mediante ideas frescas, optimización de procesos, facilidad natural a los cambios tecnológicos y en la comunicación digital.

Las empresas que dejen de apostar por la educación y la mejora de las competencias laborales de las nuevas generaciones se estarán condenando a depender de otros para su crecimiento.

La realidad amenaza muchos empleos, pero también crea alternativas, clave para avanzar es contar con el personal con las mejores competencias que innoven y se adapten rápidamente.


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