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La noche según Salinas: cantar con las manos

24/05/2019 11:24:52

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Tiempo de Lectura: 3 minutos

El Jazz Café se puso de pie; incluso antes de que todo terminara. Aquello fue progresivo: primero moviendo el cuerpo estando sentados, después la cuestión no se pudo contener: había que ponerse en dos pies y el público llevando palmas con los brazos levantados, bailando, se expresaba ante esa forma dulce y feroz, expresiva y divertida a la vez de Luis Salinas.

La noche arrancaba, puntual a las 9:40 p.m., con una intro del Salinas en la guitarra acústica. Sin setlist, al mejor estilo de lo que es fluir al lado de una banda con la que se conocen como se conoce una familia, el primero de los conciertos del argentino: ya con solo los primeros acordes: prometía.

Del jazz al funk, del bolero a conversiones latinas, iba la banda desatando temas y tejiendo chistes musicales que para todo buen entendido arrancaba risas. Hasta unos acordes de “cumpleaños feliz” sonaron en medio del segundo tema.

En la primera parte del concierto, Luis Salinas se lució en la guitarra acústica. (Diana de Sandozequi para El Observador)

El corazón se hizo un puño cuando apareció El día que me quieras que arrancó con Luis Salinas tocando solo y que para cuando se unió la banda terminó siendo una versión extendida con dejos de bossa y de zamba. Una delicia.

Tocar con todo el cuerpo

Fluído iba el repertorio, un tema tras otro, un tema tras otro, que permitía ver cómo Salinas toca, no solo con las manos, sino con el cuerpo entero. Los hombros, la pierna derecha que se mueve como un pequeño remolino, los ojos a veces cerrados otras veces tremendos de abiertos. Su risa al dar las notas, su boca que se hace grande cuando le arroja sus sonidos al público. Así toca Salinas.

Con “Cómo imaginar” vino un tributo. Era para Chico Navarro, “uno de los más grandes compositores del bolero que ha dado Argentina” dijo Luis Salinas y aquel fue un fragmento amorosísimo que permitió escuchar el canto muy dulce que tiene Salinas. Su voz llenaba todo el lugar.

Padre e hijo: Luis y Juan Salinas demostraron toda su química en el escenario. (Diana de Sandozequi para El Observador)

Salinas había tocado muchas veces antes en Costa Rica, antes de que Juan se hiciera grande, y músico. Así que anoche no podía ser como otras noches porque ahí estaba el padre orgulloso de su hijo viéndolo tocar de tú a tú con él en el escenario. Quienes ya peinan canas en la banda, vieron crecer a Juan, ya tienen el derecho de llamarse “tíos”.

Tras un breve intermedio, ya pasando las 11 p.m., llegó el momento de que Salinas cambiará la guitarra acústica por la eléctrica y la noche se encendió.

Mucho funk, mucho blues fusión contemporáneo se desataron en el Jazz Café y tuvo otro grato momento dulce cuando Salinas cantó “Todavía quedan cosas”, de su autoría.

La banda de Luis Salinas mostró una gran energía y amarre. (Diana de Sandozequi para El Observador)

A la medianoche y 15 minutos se despedía. La lluvia de aplausos trajo dos temas. Ese fue el momento en que Freddie Kushner tomó la batería y terminado ese tema vino el turno de Daniel Gazel para tocar “Rtm-blues” , del álbum “Ahí va” ,de Salinas. Fue un buen anfitrión: motivó al público para que le dieran palmas y aplausos.

El concierto fue cerrando a las 12:30 a.m. en un lugar donde abundaron músicos. Entre ellos Stevie Salas, guitarrista estadounidense que ha grabado decenas de discos entre ellos algunos con Mick Jagger y Rod Stewart y quien fue, además, productor del “Arigato No” de Gandhi.

Ya en el silencio de la sobremesa una asociación de hechos rondaba en la cabeza. Cuando Rita tenía seis años, su niña ahora de ocho, le dijo a Salinas: “papa, tocar la guitarra es como cantar con las manos”. No pudo haberlo dicho mejor, eso fue lo que anoche hizo Salinas. Y, conociendo su trabajo, lo que seguramente, hará hoy.

Último concierto hoy viernes 24 de mayo, 9 p.m. Jazz Café Escazú. Entradas ¢30.000, para músicos ¢20.000. A la venta en el lugar. Reservaciones al 8429-1818.

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